Solía pasarme crema todas las noches, y él sólo miraba. Pero hoy! Aaahh!... se atrevió a más. Untó sus manos con crema, y empezó a pasarme por el cuello, sus dedos tibios me recorrían toda la piel. Untados. Suave y fuertemente. Luego siguió por mi pecho y de allí a mis senos, cómplices de la suavidad que él me daba. Los tomaba en sus palmas y ahí se hundía. Esparció crema en mi abdomen, del centro hacia arriba, con las manos abiertas, circuló luego por mi cintura, donde disfrutaba cada rincón. Me subía a él y me recostaba en la cama, mientras el seguía por mis piernas, las sostenía, las acariciaba todas.
Inundada de pasiones, de esas que llenan las más profundas cavernas... me abrí a él, que disponía de mí toda, me hacía jadear. Subió mis piernas, hundió su boca en mis labios interiores, y sorbió de este manantial toda la humedad que su sexo provoca.
10/05/2006
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