26 de octubre de 2009

Aires Buenos

Que es esto sino más que respirar. Sin electricidad de pensamientos. Sin corrientes nulas. Sin cables conectados. Vivir, sentir.
Manos levantadas, verdes, luces y al filo de una sombra. Ventanas cerradas y puertas abiertas. Paredes blancas. ¿Es una jaula? El tiempo acá no existe, es muerto, está en cero. Que hace esta ciudad de mi, esta gente. Que voy a hacer yo de esta gente, de esta familia.
Alas libres, listo el vuelo. Apunten y fuego. A pescar la vida. Alguien queda atrás, siempre. Pero más allá del horizonte hay alguien más. Esto es grande, demasiado vasto para nuestro pensar, demasiado llano y redondo como para comprenderlo asi tan simple eternamente.
La vida se llenó de moral, de ética, de religión. Pusimos reglas, normas. Todos tenemos derechos y obligaciones. Estuvimos de acuerdo, fue mejor. ¿Y ahora? ¿tenemos realmente fácil acatarlas leyes y mandamientos? Si alguien pudo hacerlo siempre, sepa avisármelo y darme la receta. Yo no pude y no creo que quiera poder hacerlo.
Esa ley es el residuo que nos quedó en la cabeza, de años que pueden no ser cambiables pero si olvidables. Son muchos los días que se avecinan como para llevar siempre una mochila que no es nuestra. Viajemos livianos, calzado cómodo, remera holgada, una pollera. Que la vida nos de lo que tenga preparado.
Seamos el polvo que desplaza el viento de un lugar a otro, que fue piedra, se ha mojado, se ha secado y desgastado. Ahora es polvo y mañana quizás semilla, esa que brotará para demostrar que todo es chiquito cuando empieza, pero con el tiempo comienza volverse grande. Vivirá muchos años, para marchitar nuevamente y ser el nutriente del nuevo suelo, del nuevo campo.
Hacia allí vamos todos, con lo que hayamos recogido en el camino. No creo que haya ventajas. Eso lo sabe cada uno y justo en ese preciso momento.

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