Soñó su vida entera, ese ser que quiso tener en sus manos. Estudió los astros, los cielos y cuanta ciencia fue apareciendo. Leyó todos los libros, lo dibujó de mil maneras. Pasó años elaborando el plan para aquel que le diera la vida y pasara a otro terreno.
En sus años de escuela practicó con sus alumnos, exámenes difíciles y respuestas que el iba registrando. Tomando nota en su mente de aquellos que acertaban sus pensamientos. Dormía mientras pensaba, pensaba mientras dormía. Anotaba todo de ese hombre.
Un día comenzó a sentirse padre, esperó catorce lunas al lado de su proyecto mejor pensado: no alcanzaron nueve, pues se gestaba algo que su mundo aún no conocía. En los últimos 5 meses estudió el cuerpo, la piel, las venas, siguió por los huesos la sangre. En cada órgano se detuvo, dibujándolo mejor.
El día del nacimiento quedó ciego, la luz de lo perfecto no era apta a sus ojos. Jamás pudo ver delante de sí su sueño terminado. No hubo ciencia capaz de explicarle que soñó largos años un mundo y un hombre que no había en ningún lado, más que dentro suyo.
06-07-2007
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