Levantarse. No morir. Dejar de pensar, estar en el juego. Crecer y dejarme llevar de la mano de la vida misma. No caer en el sueño de la pesadez, no adueñarse de sufrimientos ajenos. Conocer el límite entre las decisiones ajenas por seguir y mis opciones de quedarme. Acompañar no es pegarse, sino abrazar. Abrazar no es amarre, sino contención. Contención no es adueñarse, sino complementarse.
Saberme mía y de nadie más. Saber a los demás suyos.
Levantarme y mirar el sol, aún detrás de las nubes. Las penas viejas son eso: viejas.
Ahora es el momento de hacerme el desayuno, no más escuelas ni madres revoloteadas. Ahora es el momento de ejercitar mis pies, poner firmes las piernas y sentir la tierra cada día al salir de la cama. Este es el suelo que me sostiene, este es el aire que me da aliento. Levantarse es lo que me queda, para poder vivir empezando, de eso se trata. Empezar, levantarse. Desperezarse de dolores. Levantar el alma. Levantar la mirada.
P.D.: Sólo la muerte te hará dormir, lo demás, es cosa tuya.
12-10-2006
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