3 de noviembre de 2009

Pinceladas de Moños Verdes

Últimas pinceladas, detalles minuciosos y no por eso insignificantes. Emma pintaba en el altillo de su casa, inundada en sabores y óleos, ignorando cuanta bocina marinera sonaba en su ventana. Estaba terminando el cielo celeste pálido de un jardín atestado de gallinas, cerdos y alguna que otra vaca. Unas huertas a la derecha, con tomates podridos y unos choclos listos para el puchero. Unos huevos blancos en un delantal amarillo.
Siguió retocando la cara de Clarita, así había llamado a la niña de trenzas y moños verdes, obsesionada con el color de su tez blanca. Dejó para final los ojos vidriosos, imaginando que llueven de tantos sueños que su jardín desalienta.

En el borde del río lava su delantal amarillo Doña Leticia, tratando de sacar las manchas rojas de tomates que ya son llorados. Una brisa trae una cinta verde volando y al voltear, una niña (su hija) llena de barro a punto de llorar, con lágrimas contenidas.

- Ya pareces morena de tanto barro que traes, sino fueras tan clarita… ¿Qué le pasa a tus ojos?

- Sueños empañados

- Los detalles no son insignificantes, por eso siempre puedes darles una última pincelada de moños verdes. No dejes que este pálido cielo te desaliente. Un día puedes estar pintando tu propia vida.

05-07-2007

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